Uno a uno, con estructura, principio y final. Para que la próxima vez que aparezca el disparador, elijas distinto.
De este proceso no salís siendo la misma persona que lo empezó.
Podés explicar tu patrón con lujo de detalle. Sabés de dónde viene, en qué casa lo aprendiste y hasta cómo se llama. Y la semana que viene lo repetís intacto.
Eso no es falta de voluntad ni de información. La comprensión se vuelve un lugar cómodo desde donde seguir sin cambiar nada: da la sensación de estar avanzando mientras todo sigue exactamente igual.
Mi trabajo no apunta a que entiendas mejor lo que te pasa. El proceso no termina cuando ves tu patrón. Termina cuando dejás de repetirlo.
Una separación, una mudanza, una crisis del negocio, la salud de un padre que se cae a pedazos, un cambio de etapa que no elegiste del todo.
El quiebre no produce el patrón: lo deja a la intemperie. Lo que se activa con esa intensidad venía funcionando desde mucho antes, organizando en silencio tus decisiones y tus vínculos. Mientras funcionaba callado no había ningún motivo para revisarlo. Ahora que quedó expuesto, y por un período que es corto, se puede tocar.
Y ahí está el riesgo: toda etapa nueva se inaugura con la misma estructura con la que venías funcionando en la anterior. Si no se revisa mientras está a la vista, la etapa nueva la hereda entera.
Un método desarrollado y sistematizado por el Instituto Enric Corbera, y la columna de todo mi trabajo. Parte de una premisa que a esta altura la neurociencia también sostiene: no percibimos la realidad de manera directa, la interpretamos. Entre lo que ocurre y lo que sentimos hay siempre una lectura, y esa lectura es aprendida.
Sobre esa base, el método trabaja la coherencia entre lo que pensás, lo que sentís y lo que hacés. Cuando alguien piensa una cosa, siente otra y termina actuando una tercera, el conflicto no desaparece: se sostiene en el tiempo y encuentra otras vías de expresión, habitualmente en el cuerpo y en los vínculos.
Trabajar dentro de un método sistematizado, con más de una década de desarrollo y aplicación internacional, es lo que permite que esto avance en ocho sesiones y no en años. No se improvisa el recorrido: se recorre.
El patrón es una estructura estable: no cambia a lo largo del proceso. Lo que cambia es la profundidad con la que se lo ve.
En cada sesión el circuito de tu repetición queda dibujado y editado a la vista, para que puedas mirarlo desde afuera en lugar de estar adentro suyo.
Hacer visible lo que se repite, con la precisión suficiente para reconocerlo mientras está ocurriendo. Sin esa nitidez, lo que viene después no tiene dónde apoyarse.
Dónde aprendiste esa forma de leer y de responder, en qué momento tuvo sentido, y a qué lealtades de tu sistema familiar les seguís siendo fiel sin saberlo.
El punto bisagra. Dejás de creer que el patrón es quien sos y empezás a verlo como lo que es: un aprendizaje grabado. Si ese giro no ocurre, el proceso se queda en comprensión.
Se diseña y se sostiene la respuesta distinta en la vida real, incluida la culpa que aparece cuando el patrón se rompe. Aparece siempre, y es ahí donde la mayoría vuelve atrás.
Cada sesión tiene una estructura fija. Duran entre 75 y 90 minutos y siguen la secuencia metodológica del Instituto Enric Corbera, que se respeta en todas sin excepción. Eso es lo que garantiza que cada encuentro sea una sesión completa y no una conversación que se va para donde quiere.
Y el trabajo sigue durante la semana. Cada sesión cierra con una consigna graduada según la fase, y se evalúa en el encuentro siguiente: qué avanzó, qué retrocedió y qué dudas aparecieron. La semana es donde el patrón realmente se prueba.
No son ocho sesiones sueltas. Es un acompañamiento completo, con material propio, seguimiento entre sesiones y todo lo trabajado por escrito para que te quede.
Antes de la primera sesión, un formulario y una primera lectura de tu estructura y tu patrón, para que el proceso arranque sabiendo a dónde va.
De 75 a 90 minutos cada una, una por semana, con foco sostenido y agenda clara.
No sos un caso. Sos una persona con una historia única, y el recorrido se arma sobre esa historia.
Estoy disponible las veinticuatro horas por ese medio durante todo el proceso. Cuando algo se mueva o incomode, escribime: no hace falta esperar a la sesión siguiente.
Gráficos e imágenes donde queda dibujado el circuito de tu repetición. Se edita sesión a sesión, para que veas desde afuera lo que estás moviendo.
Cada sesión tiene su consigna propia, concreta y armada para tu momento. Se evalúan en la sesión siguiente.
Para sostener lo trabajado en sesión, no para leer y guardar.
Un PDF donde redacto todo lo que trabajamos: qué lograste, qué todavía no, y los ejercicios para la semana que viene.
Al cerrar escribo una bitácora de todo el proceso, como un libro que arma tu recorrido: dónde empezaste, qué se movió y hacia dónde vas.
Sin costo, para cuando el proceso pide una vuelta más.
Confronto sin agredir y no valido el relato victimista. La gradúo a lo largo del proceso: suave al principio, firme en el centro, y distinta al final, porque para entonces ya no hace falta confrontar.
Nada de esto se hace para incomodar porque sí. Se hace porque un patrón que nadie nombra no se mueve. Vas a estar incómoda antes de estar distinta, y esa parte no se puede saltear.
No acompaño de forma indefinida y no trabajo desde la contención sostenida. Esto tiene principio y final.
Y decirlo de entrada es parte del trabajo. Un proceso que no corresponde no fracasa: desgasta a las dos partes y confirma la idea de que nada funciona.
Si algo de esta lista te tocó, probablemente sea tuyo. Si te generó rechazo, también. Nada de esto está escrito para dejar gente afuera, sino para que no inviertas dos meses en un proceso que no era el que estabas buscando.
Terapeuta integrativa especializada en BioNeuroEmoción®. Más de doce años trabajando con este marco y ocho ejerciendo de forma profesional, con miles de sesiones acompañando a personas de distintos países, con y sin recorrido terapéutico previo.
Mi formación está puesta al servicio de una sola cosa: que la persona deje de repetir el patrón que la trajo hasta acá.
Dejame tus datos y te escribo yo. En esa conversación te paso el valor del proceso completo y las formas de pago, y entre las dos definimos si este es el trabajo que estás necesitando.
Antes de empezar hablamos, y entre los dos vemos si este proceso es para vos.
El valor te lo paso en la conversación previa, junto con las formas de pago. Prefiero decírtelo después de entender qué venís a trabajar, porque el número solo, sin saber si el proceso es para vos, no te sirve de nada.
Sí. Trabajo con personas que llevan años de análisis, procesos y lecturas, y con personas que nunca antes abrieron esta puerta. La sofisticación terapéutica no determina quién está listo; a veces incluso juega en contra.
Online, por Google Meet. Acompaño a personas de distintos países y husos horarios.
El proceso está diseñado para cerrarse en ocho, y una novena queda incluida sin costo para cuando el recorrido pide una vuelta más. Si al terminar aparece otro trabajo distinto, lo conversamos ahí.
No. Es un acompañamiento emocional y perceptivo. Si estás atravesando una urgencia clínica o psiquiátrica, lo que corresponde es otro tipo de asistencia y te lo voy a decir en la conversación previa.